Invitación

Lo que todos buscamos de manera natural e intuitiva
puede aparecer
en la meditación,
en el trabajo corporal,
en yoga nidra,
en la conexión amorosa,
en un atardecer,
en plantas enteógenas,
o en el simple acto de quedarse quieto.

Pero no pertenece a ninguna de esas formas.



No es una técnica.
No es una metodología terapéutica.
No es una tradición transmitida
ni un sistema de entrenamiento de la conciencia.

Y no necesita ser explicada.



Aquello que suele llamarse yoga, budismo o chamanismo,
camino o sendero,
ha sido convertido en práctica guiada,
en herramienta de regulación,
en inducción a estados,
en promesa de transformación.

Nada de eso es incorrecto.
Pero nada de eso es esencial.



Las prácticas y tradiciones no son negadas;
son incluidas,
pero no son centrales.



Aquí no se trata de entrar en un estado.
Se trata de reconocer
lo que siempre ha sido,
sigue estando aquí
y nunca se fue.



El cuerpo duerme.
La mente imagina.
Las sensaciones cambian.
Los estados vienen y van.

Y aun así,
hay un saber silencioso
de que hubo sueño,
de que hubo ausencia,
de que hubo experiencia.

Eso no estaba dormido.



No necesita ser etiquetado como espiritualidad.
No necesita ser llamado conciencia.
No necesita ser nombrado despertar.

¿Sabes por qué?
Porque es lo que eres realmente.
Y lo que tú verdaderamente eres siempre.

Por lo tanto,
no es algo que aparezca,
ni algo que se alcance,
ni algo que se sostenga.

Está aquí
antes de cualquier intento
de mejorar la experiencia.



Si se busca a través de una práctica,
se interfiere con lo que ya está siendo.

Ahora.



El descanso puede profundizarse.
El sistema nervioso puede reorganizarse.
La historia personal puede aflojar.
La psicología puede encontrar coherencia.

Pero eso sucede en la experiencia,
no en lo que es consciente de ella.



El trauma ocurre en el cuerpo.
La regulación ocurre en los sistemas.
Las emociones surgen en el campo del cuerpo-mente.

Eso que es consciente de todo ello
no necesita ser regulado.



Esto no es un camino de progreso.
No hay etapas.
No hay niveles.
No hay logro final.

Solo un reconocimiento directo,
posible en este instante,
para cualquier aparente individuo:

Aquello que es consciente
no puede ser tocado
por el cansancio,
por la historia,
por el trauma,
por el sueño
ni por la vigilia.



Cuando esto se reconoce,
el cuerpo puede descansar sin esfuerzo.
La mente puede suavizarse sin desaparecer.
La experiencia puede ser exactamente como es.

No porque haya sido corregida,
sino porque dejó de ser resistida.



Esto no promete sanación.
No promete despertar.
No promete paz.

Solo señala lo que ya es verdad
en la experiencia directa:

Eso que es consciente
ya está despierto,
incluso cuando el cuerpo duerme.



Y eso,
quieto,
intocable,
inmutable,
no pertenece a ninguna tradición,
no puede convertirse en método,
y no requiere práctica.

Solo reconocimiento.